De México a Londres, Santiago Martínez Busca Democratizar y Humanizar el Arte a Través de la IA
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Para el artista mexicano, cuya inspiración ha nacido en Londres, la tecnología facilita la conexión con el público, acelera la producción de arte y puede devolverle a un individuo la capacidad de imaginar
Por Judith Sánchez Reyes.
(Agencias). El artista digital mexicano Santiago Martínez Mercado, de 24 años, está captando la atención de los británicos al presentar una innovadora forma de crear arte, a través del uso de la tan señalada – y satanizada - Inteligencia Artificial.
En entrevista, defiende el arte digital como una vía para conectar con la sociedad actual y como una innovadora herramienta educativa capaz de cruzar fronteras.
“Aprovechar el 3D, la inteligencia artificial o la realidad mixta permite hablar el lenguaje que hoy se habla”, explica Martínez Mercado.

Para él, el problema de los museos tradicionales es que el público ya no reconoce esos códigos: el arte digital penetra más rápido, porque usa los mismos canales con los que la gente se comunica y ahora puede consumir cultura.
Esa capacidad de crear experiencias inmersivas, dice, es la pieza clave. “El arte siempre ha educado, desde Babilonia; se contaban mitos fundantes. Hoy lo digital ahorra costos de producción: una persona puede hacer una película entera en su computadora. El resultado es acceso y, eso en países como México, abre la puerta a reconstruir visualmente pasajes, como Tenochtitlán y convertirlos en material didáctico para las nuevas generaciones”.
Para Tiago el valor inclusivo del arte digital es: “Quizá tu primer idioma no es el español o no sabes leer por alguna circunstancia; pero el arte visual-sonoro mezclado con historia puede ser captado de manera rápida”. Al prescindir de cuadros físicos, una exposición inmersiva cabe en un teléfono y alcanza a comunidades con poca alfabetización o recursos; es decir, el arte va y busca al espectador.
El mensaje que quiere transmitir tiene una doble intención: cualquiera puede crear y toda imaginación puede compartirse. “La IA generativa hace accesible lo que antes era de élite; entrar a una escuela de arte era difícil económicamente”. La trascendencia, agrega, es inmediata: una obra digital llega a zonas de guerra o marginación con la misma calidad que en una galería.
Su trabajo ha sido influenciado por dos corrientes. Del impresionismo toma la obsesión por la luz —sus composiciones son cálidas y vivas—, y del pensamiento filosófico griego antiguo, tomando como eje lo que se describe en El Mito de la Caverna de Platón, sacando al espectador de una realidad para presentarle que hay otra más de la que es parte. “Busco detonar ese momento de luz interior, belleza que cada humano lleva dentro”.
El arte como protagonista:
Nacido con el iPhone, Martínez Mercado vincula su impulso creativo a Steve Jobs: “cuando dimensioné que podías hacer mil cosas con las yemas de los dedos, como ampliar una foto, hacer zoom. Ver eso me hizo mantenerme cerca de la tecnología para crear”. La herramienta le quitó frustración técnica y le dio empuje para materializar ideas que antes le parecían imposibles.
“El saber los alcances de mi propia imaginación, y luego saber cómo funcionaba la computadora, y que yo era quien tenía el control para dirigirla hacia lo que deseaba crear, fue, es y será lo me mantiene motivado a crear arte, no solo digital. O sea, saber que puedo llegar justamente a cualquier persona del mundo y que no hay no hay límites ese algo impresionante”.
En México, propone hacer uso del arte digital para narrar la historia de forma ligera y atractiva: recrear lagos donde hoy hay avenidas, hacer palpable el pasado prehispánico y distribuirlo en escuelas sin información tediosa.
“El acceso al arte vía visual, combinado con sonido, con imágenes, mezclando una historia puede educar y hacer atractivo pasajes, momentos históricos de México o cualquier país del mundo. Eso puede ayudar realmente a detonar algo en un individuo y generar un cambio, un cambio de chip”.
Mientras que, a nivel global, lo ve como antídoto contra la cotidianeidad que apaga la imaginación adulta.
“Veo adultos sin luz, sin arte; y no se trata de ser o hacer expertos, sino de apreciar momentos, que dejamos de contemplar, pero que con la tecnología nos permitirá hacerlo a cualquiera hora y en cualquier lugar”, reflexiona.
Martínez Mercado asegura que el arte digital nos puede ayudar a volver a ese impulso primitivo, donde pintar o plasmar algo es porque parece bello, no para sobrevivir, como sucedió con la pintura rupestre, y de esa forma descubrirse a uno mismo. La tecnología, insiste, debe servir a atmósferas humanas, no “a ceros y unos” impersonales.
Acentuando cada una de las palabras, Tiago de forma apasionada, asevera que la magia del arte es nunca estar en el anonimato, nunca al margen, siempre en primer plano.
“Esto sucede en cualquiera de las ramas, desde un poema hasta una pintura, siempre busca trascender, porque es más grande que tú, es decir, por definición el arte trasciende la propia humanidad del autor”.
Definitivamente, dice, el arte necesita ser vivida en todas sus formas y colores, sobre todo, , compartida. Desde su perspectiva un buen artista no debe ser egoísta, no debe resguardar ni tener en secreto sus obras, porque si está en el anonimato, no trascenderá ni detonará otras obras de arte.
“Un ejemplo, Blancanieves, es brillante, es de las mejores películas animadas de la historia, justo porque innovó en cómo se animaba una película, fue hecha a mano y fue hecha con mucho menor tecnología de la que hoy tenemos acceso. Entonces esto nos sitúa en la idea de que no necesitamos lo más pro’, sino tú debe ser ‘el más pro’, ese siempre es el reto”.
Tiago 2.0:
Santiago descubrió el arte digital a los 12 años, jugando con una app de edición en el celular. “Cambié un árbol verde a morado moviendo sliders de color y temperatura; me gustó y de ahí no paré”, recuerda el artista de 25 años, quien dice que aquellos principios los sigue usando una década después.
De la app pasó a la computadora, luego a programas más complejos y a tutoriales de YouTube que consumía a diario. En esos años no buscaba una carrera: dibujaba como cualquier niño, entre risas reconoce “la verdad no lo hacía tan bien”, pero después descubre que con la cámara del celular podía superponer imágenes. “Era curioso, pasaba horas probando; la inspiración salía natural y, una cosa me llevó a otra”, explica.
Su formación académica comienza en la Universidad Iberoamericana y culminó en el Istituto Marangoni de Londres, tras un paso corto por la NABA de Milán. Marangoni —cuna de fundadores de marcas como Dolce & Gabbana y Moschino. — fue una opción al ofrecer Diseño Visual como arte y un “sandbox”, donde la idea era crear, sin pensar tanto en el costo.
Con cierta melancolía admite que dejó México, porque “el arte es autorrealización y el país tiene otras prioridades”. “El cambio familiar fue muy rápido y muy fuerte, pero, sin duda, ha valido la pena estar en Marangoni, ya que me ha permitido crear con libertad”.
Para Martínez su proceso creativo inicia con un momento de aburrición: “esos momentos de ocio te permiten tener espacio para observar; y luego casi siempre surge una emoción”.
A sus 20 años escribe su primer libro, cuya compilación son historias y frases que se desarrollan de una reflexión diaria y que dieron como resultado mil páginas. Un libro que se escribió sin fines de lucro, sino con la simple finalidad de “desnudar el alma”.
“Una tarde vi una frase de una y me inspiró a escribir una reflexión para mis historias de Instagram, con 100 palabras y de una tarde se volvió otra tarde y otra tarde y otra tarde y llegó un punto donde ya no solo mejoró mi habilidad para escribir, sino que también la velocidad y la profundidad con la que me expresaba. De repente caí en la cuenta de que ya no solo eran 100 historias, sino eran 10 mil y entonces esas reflexiones las coloqué en un documento de Word, y el resultado mi primer libro”.
Tiago señala que, definitivamente la honestidad y la pasión siempre va a ser percibido por el público, “si un texto, una imagen, una animación, una obra de arte no es creada bajo esos criterios, sino con fines de lucro, simplemente no conecta”.
Creaciones artísticas
Su pieza reciente es un arpa digital que cobra vida con el movimiento de los ojos, programada mediante un algoritmo que reconoce el iris. La idea surge de ver cómo su abuela paterna por la enfermedad que padecía sólo buscaba comunicarse con la mirada. Ahí cayó en la cuenta de que las personas sin movilidad podían expresarse, pero a su vez podían crear y/o disfrutar de la música.
El proyecto lo perfeccionó luego de vivir su duelo, “en ese momento entendí que nadie debería ser privado de la emoción que da el arte, sin importar impedimento físico, social o económico”.
Esta arpa digital genera armonías únicas según el movimiento ocular de cada usuario, “comencé a utilizar una metodología que viene de un equipo de Google, con la cual no solo desarrollé esa habilidad para mí, sino para que otros miles de personas en el mundo, mediante la programación de un algoritmo generen su propia música”.
Además, el proyecto busca humanizar la tecnología: un arpa digital para aquellos que no saben tocar instrumentos y de usar IA como “herramienta de ciencia ficción” para dar una solución radical a un problema personal.
Con esa apuesta, el egresado de Marangoni intenta que el arte digital deje de ser frío y se convierta en puente accesible: una forma de que cualquiera —desde un niño con celular hasta alguien que sólo puede mover los ojos— recupere la capacidad de imaginar y crear arte.
“Creo que todo mundo tiene esa capacidad de crear, para mí ser creativo significa el hacer algo de manera original, y lo defino así, porque viene de un origen, que soy yo o cualquier persona, y esa originalidad se da, porque somos únicos e irrepetibles”.
Pese a que cualquier ser humano tiene capacidad de crear, siempre debe de haber una base educativa, “creo firmemente en que es muy cierta la frase de “cualquiera puede ser artista, pero no cualquiera puede ser un buen artista”.
Santiago Martínez reconoce que el riesgo de la IA es volverse impersonal, por eso insiste en probar sus obras con usuarios reales. “No diseño en abstracto; llevo el arpa a centros de rehabilitación, veo cómo responden y ajusto el algoritmo”, explica. Esa retroalimentación constante le recuerda que la herramienta sólo vale si devuelve agencia a quien la usa.
Prospectivas
A mediano plazo, Santiago Martínez Mercado prepara una exposición que sólo existirá en teléfonos y visores de bajo costo: paisajes sonoros activados por la mirada, accesibles desde cualquier comunidad. Con la idea de que el arte digital compita con el tradicional; lo ve como una extensión del impulso humano de plasmar la belleza, ahora con medios que caben en un bolsillo.
A la par trabaja en un segundo libro, que “tocará fibras sensibles”, pues a grandes rasgos: tratará de la historia de un Samurái, cuya relevancia es que cada una de las 250 páginas serán ilustradas con sus dibujos, trazados a lápiz.
“No es solo una recopilación de ilustraciones sobre las artes marciales, la literatura y el arte tradicional, sino es una forma de cómo manejo el arte digital, ese medio tradicional ya se me está ocurriendo cómo verlo una experiencia inmersiva digital, no solo como un audiolibro, sino cómo puedo que esas ilustraciones vivan de otra forma., es decir, que esas imágenes las viva el lector”.
Mientras Londres lo acoge, Santiago mantiene la pregunta que lo mueve desde aquel árbol morado: ¿cómo hacer que la tecnología devuelva tiempo y sentido a la gente? Para él, la respuesta está en diseñar desde la carencia ajena, no desde el gadget, y en recordar que, como el impresionismo que admira, el arte debe capturar luz —incluida la que cada persona lleva dentro.
Con la meta de convivir de manera diaria con los londinenses, Tiago como cariñosamente es conocido en el mundo artístico de ese país europeo, lleva esa convicción fuera de nuestras fronteras: el arte digital puede democratizar la creación, educar sin barreras y recordarnos que todos llevamos dentro un creador esperando encenderse y ser visible ante los ojos del mundo.






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